Hoy llueve.

Hoy llueve

Llueve, sobre la tierra reseca llueve. El aire me trae recuerdos de antaño, a tierra mojada. Y mis pensamientos vuelan tras esos recuerdos perdidos…

El devanar interminable de madejas de lana, el picor molesto de la franela sobre la piel y las continuas pruebas de ese chaleco que estrenaría con los primeros fríos del invierno.

Contemplando el cielo plomizo hasta los olores me hacen sentir antiguos momentos: tostadas hechas al calor del fogón de carbón. Aquel tazón hondo, de blanca cerámica y sin asas que con la humeante leche, esperaba que mis manos lo abrazaran para llevarlo a la boca y sentir cómo su tibieza entonaba mi cuerpo y hacía más llevadero el frescor de la mañana.

Ya no hay calles adoquinadas donde el agua sacaba brillos de espejos, ni pequeños charcos donde las gotas de lluvia provocaban ondas que entrechocando nos daban lectura de la intensidad del chubasco.

Como entonces, acerqué mi cara al cristal y mi aliento dejó su huella sobre él; cuantas veces con trazo frágil dibujé mis iniciales, un corazón o una fecha y cerré los ojos intentando que el tiempo corriera y aquellos pensamientos se hicieran realidad…

Hasta el sonido del repiqueteo del agua sobre las espilistras verdes y brillantes, el mecer de los helechos y las frágiles hojas de las esparragueras con sus diminutos frutos rojos, los sentí como cosa cercana.

El sonido vibrante del teléfono me saca de la ensoñación. Y realmente llueve sobre mi terraza, por fin, una primeriza lluvia de otoño. Pero como de un zarpazo se disipan todos los recuerdos.

Después de una breve conversación, trato de recuperar mis recuerdos, pero el tostador eléctrico no me los trae. El bullir de la leche en la taza dentro del microondas tampoco me ayuda y no hay plantas en el suelo del patio con su fría blancura de mármol, que no deja charcos con los que averiguar si es fuerte la lluvia que cae.

Aparto la mirada de los cristales y regreso a la mesa. El resplandor de la pantalla me invita como una página de papel a dejar plasmado aquí este despertar de un día plomizo y gris. Pero con el dulce recuerdo de una conversación íntima y lejana…

 

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