Ver para contar.

  • VICTORIA LAFORA

    28/08/2007

Ver para contar

Elixir de amor

“Desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal difunto vivo, leal, traidor, cobarde y animoso…”

…y todas esas cosas que, según Lope de Vega, son el amor, y que bien las conoce quien lo probó, pueden resultar, más que un regalo del espíritu, una especie de estallido hormonal que, en un futuro muy próximo, podrá ser inducido mediante una vacuna.

Y esto no lo prevé ningún Rappel ni ninguna Aramis Fuster, lo afirma nada mas ni nada menos que un miembro de la Academia Francesa de la Ciencia, de la Academia de la Ciencia de EEUU y de la Real Academia de Medicina de España; el neurocirujano colombiano Rodolfo Llinás, profesor de la Universidad de Nueva York.

¡Vaya por Dios, la ciencia otra vez empeñada en cargarse de un plumazo la espiritualidad y el romanticismo! ¿Porque para que sirve el espíritu si no brota de el algo tan eternamente magnificado como es el amor, fundamento de casi todo en esta vida? ¿Podremos seguir diciendo al ser amado que lo amamos con toda nuestra alma, o tendremos que apelar a determinadas hormonas en nuestras declaraciones?

Bien es cierto que la sabiduría popular ya barruntaba una conexión glandular-amorosa, al afirmar, por ejemplo, que “la primavera la sangre altera”. Porque nunca puso en duda que los cambios de estación, como los cambios de las fases lunares, provocan ajustes o desajustes hormonales. Pero no hasta el extremo de que con una vacuna se activasen también esos mismos mecanismos. ¡Eso, de verdad, es muy fuerte! Y es que una, en su ignorancia, creía que las vacunas consistían en la inoculación de una preparación a partir de determinados microorganismos, capaz de proporcionar una información al organismo, capacitándolo para defenderse de una infección determinada. O sea, que podría descubrirse una vacuna contra el amor, pero no para favorecerlo; que eso sería otra cosa, un elixir, por ejemplo, pero no una vacuna. En fin, doctores tiene la Iglesia…

Al parecer, el profesor Llinás comentó bromeando que “lo difícil del tema sería establecer a quien se le aplica esa vacuna y con relación a quien”. ¿Difícil, doctor? Hay montones de candidatos: Pirómanos para que se enamorasen de los bosques; desaprensivos contaminadores para que amasen a la naturaleza; maltratadores domésticos para que aprendiesen a amar de verdad a sus parejas; terroristas para que amasen la vida de otros seres humanos… ¿Seguimos, porque la lista sería interminable?

Aunque mucho nos tememos que contra determinada gente no va a haber vacuna capaz de invertir el odio y el desamor. ¡Ojalá!


 

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