Dios los cria…

Tenían la misma nacionalidad. Pero vivían en latitudes muy  alejadas.

Se conocieron viajando en un tren de larga distancia. Eran los dos  de facil conversación  además de  padecer avatares afines. Vicisitudes familiares coincidentes que se confiaron en aquella larguísima conversación en el  departamento en el que viajaban solos, aquella noche  de vela  ferroviaria.

Estaban martirizados por sus respectivas esposas .

El uno, el del Norte, (le llamaremos “A”) confesaba haberse casado por interés con una señora muy  mayor, hija (la llamaremos “B”) del empresario  rico, propietario de la empresa en la que trabajaba.

El otro, el del Sur, (le llamaremos “C”) era un acaudalado  señorito, maduro  en edad y  propietario de extensas tierras en donde  criaba enormes  vacadas reproductoras de toros de lidia, que se había casado con la hija (llamémosla “D”) de  su  mayoral; quince años  más joven y la más bella odalisca de la comarca.

El del Norte, “A”, padecía toda clase de humillaciones, desprecios y desaires de parte de “B”. Que no economizaba ni una ocasión para restregarle  sobre  el morro el estrato social bajo del que provenía

Había llegado a odiarla con tal fuerza que incluso  -llegó  a confiar a “C”-  había sentido nacer en su  ánimo instintos asesinos  en determinados momentos. 

Al  ganadero “C”,  que por su edad  comenzaba a carecer de  vigor, la  joven hurí “D” le ponía los cuernos con todos los amigos  jóvenes del hacendado. Y sin recato alguno.

De modo que eran “voz pópuli”  las noches toledanas de aquella morenaza exuberante.

Planearon matarlas, pero…les  tomó trescientos kilómetros de deliberaciones para llegar al convencimiento de que habían inventado el  crimen perfecto.

Había que imbricar las acciones para  ahuyentar todo tipo de sospechas . La coartada  inmejorable.

Se les ocurrió algo  diabólico: “A”  viajaría  al Sur y mataría a “D”, y “C”  iria al Norte y mataría a “B” antes de desaparecer los dos en  viaje  de negocios al  Caribe. “C” a Medellín en Colombia y  “A”  a Tampa en Florida.

Pero el Destino suele jugar fuerte en el  porvenir de los individuos.

Terminaron siendo  dos parejas felices y  apasionadas en un felicísimo crucero por las islas griegas del PeloponesoPero remedando la cruz de San Andrés;  del martir  apostol de Cristo y Santo Patrón de Escocia: EL  aspa.

“A” se amancebó con “D” y, “C” hizo lo mismo con “B”. Aseverando el antiguo refrán que dice : Dios los cría y  ellos  se juntan. Como tenía que haber sido desde un principio.

En el  crucero por el Mediterraneo, los camarotes de las dos parejas de amantes eran  contiguos.

Las coartadas perfectas, pero…

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