Criaturas de los bosques en la mitología astur (5)

XANES, JANAS, INXENES

Mujeres sobrenaturales que viven en los bosques asturianos y suelen aparecerse a los campesinos junto a las fuentes, ríos, pozos, lagos o terrenos pantanosos ya que todos los que las han visto relatan sus apariciones en un lugar de esas características. La vivienda de la xana es maravillosa, a menudo situada entre las aguas puras y transparentes y es de estas profundidades de donde surgen a veces maravillas de leyenda, mientras la xana se encuentra a la orilla del agua. A veces la xana está sola, pero en otras ocasiones son una serie de xanes las que viven juntas.

Frecuentemente sucede que les xanes están encantadas, no pudiendo salir de su cueva hasta que alguien la desencante, entonces, su desencantador será recompensado con el tesoro que ella guarda.

Uno de los rasgos de la xana es su belleza, que es de un carácter extraordinario, nunca visto y suele aparecer cuando está junto al agua, mirándose en ésta como si fuese un espejo. Sus cabellos rubios son otra de sus características y a menudo la xana se entretiene peinando su cabellera, al lado del agua y con un peine de oro. En las cuevas y fuentes de les xanes a veces resuenan cantos, como si hubiera en el agua multitud de paxarinos (pajaritos)…y es que la gente cuando oye su voz queda embelesada.

Junto a la afición por peinarse, les xanes son vistas frecuentemente realizando otras tareas. En muchas ocasiones están junto a las fuentes ocupadas en las labores de la colada y unos metros más abajo, los aldeanos ven que el agua contiene una espuma blanca y lechosa y comentan con razón “¡Ye el xabón de les xanes!”. Mientras se seca la ropa que han tendido, ellas pueden danzar y cantar. Otra de sus aficiones es filar: El fusu, la rueca y les tiseres que usan son de oro y también lo son los maravillosos ovillos con los que trabajan y trabajan. Tienden los cadexos a la luz de la luna y el primer sol los vuelve de oro.

Por otra parte, la xana normalmente es poseedora de ganado y de otros animales, especialmente vaques y pites, que frecuentemente están hechas de oro como aquellas que oían piar los vecinos de Borines en la cueva al lado del acantilado.

Se entretienen tambien jugando a los bolos y muchas veces son vistas por los vecinos, pero la xana, frustrada por no haber sido desencantada dejará de ser vista. Por otro lado, no sólamente les xanes juegan a los bolos, sino que tienen una bolera de oro, siendo esta el tesoro que guardan.

La noche ideal para ver a les xanes, desencantarlas y adquirir sus tesoros es la de San Xuan.

Frecuentemente, en la tarea de guardar los tesoros vemos que a veces están les xanes penosamente acompañadas de otros personajes como el monstruoso Cuélebre, del que son rehenes tanto la pequeña divinidad como los tesoros que la flanquean.

Aquí se recogen de la tradición las palabras de una moza encantada a una vaqueira para que la liberase del encantamiento y de las grandes serpientes que la vigilaban:

Vaqueirina, vaqueirina
qué bien cantabas mía nena,
de tou lo que you tengo
daréite una buena prenda.
Escueche, mía nena, escueche,
lo que más te preste. ¡Venga!
Nun siendo’l bordáu n’outo
que tantu, tantu brillea.

Pos romperíase l’encantu
si dalgunu lu cochera,
este encantu de los Pozos
de Llonzuelos, mía pequeña.

Pa que nun pase enxamás
dous culuebros tan en vela
you yá nun seréi más llibre,
llevo siglos prisionera.

Les xanes tienen hijos, a los que se llama xaninos. Dado que sus madres no pueden ocuparse de ellos, generalmente se los endosan a las aldeanas, cambiándoles su verdadero hijo por un xanín, aprovechándose del momento en que éstas van a lavar. Ahora bien, las madres comienzan a sospechar una vez que a la criatura le han crecido todos los dientes en sólo unos meses. Por ello, suelen comprobar la naturaleza humana o no del bebé mediante este ritual: Se ponen pucheros y cáscaras de huevo en el llar, y si la criatura es un xanín, exclamará “Fai cien años que nací y nunca tantos pucheros na llume vi”. Entonces la madre acudirá a la fuente donde vive la xana para que ésta le devuelva a su verdadero hijo.

Ya hemos ido viendo cómo les xanes resultan ambiguas respecto a su actitud hacia el hombre, puesto que tiene comportamientos positivos y negativos. Entre estos últimos, además del rapto de niños destacan sus acciones contra la salud de éstos y también la cólera que desencadena por no ser adecuadamente desencantadas.

Entre las buenas está el hecho de que la xana da recompensas a quien le había ayudado antes. Es el caso de aquella mujer que habiendo ayudado a una xana en el parto, recibe de ésta como premio poder escoger entre todos los objetos de oro que la xana posee. Como la mujer en cuestión era costurera, pues escogió unes tiseres d’oru.

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