La verdadera historia de Cristóbal Culón

Hace algún tiempo, en los agnos catapún, andaba un individuo denominado Cristóbal, zapateando un territorio situado al suroeste de Europa llamado desde los tiempos de los fenicios, Espagna o algo muy parecido. Y al que ahora todo quisque se empeña en llamar “resto del estado”.

Caminaba el andoba de Norte a Sur, de Sur a Norte…de Este a aquél, aburriendo a las lechuzas con el cognazo de que…Si el mundo es redondo…Que si las especias de la India…Que si la seda de Oriente…Que si era capaz de poner un huevo de punta…que si pitos que si flautas, que si tal que si cual.

Y las respuestas que recibía siempre eran: Que si estás majareta tío…Que si estás peor que una vaca inglesa…Que si etc etc etc.

Y justamente esto último, es decir, la ignominia de los etcéteras constituían para él un suplicio difícilmente soportable. Porque aguantaba bien que mal que le dijeran judío, genovés, espaguetini, gregnudo y hasta Cristóforo. Pero aquello de las tres etecés le exasperaba de tal modo que le ponía un dedo índice de punta segnalando el horizonte hacia Occidente.
Y luego ocurría lo inevitable ¡caray! …pues las gaviotas le tomaban por un tendal.

Hasta que un día topose por casualidad con una tal Isabela en Santa Fe, cerca de Granada.

Fablando y fablando, fablole (valga la rebuznancia) y de manera vehemente expresole su deseo de ir a América y, estirando el morro pidiole las joyas con el fin de poder sufragar el flete de tres naves.

-¡Como estas! dijo la Isa entusiasmada poniendo su anillamen encima de la mesa.

– Que si necesito tripulantes…Que si ¿vienes conmigo tío?

– Que ni hablar del peluquín…Que si prefiero ir en Iberia…Que si pasado mañana televisan un partido…

Ante tan grave problema se volvió a hacer el encontradizo un día que Isa se hallaba paseando por la orilla derecha del Genil. O por la izquierda del Darro. Pues hay división de opiniones entre diferentes autores.

Dio con ella fácilmente siguiendo el tufo a feromonas sobaqueriles que iba dejando tras sí la susodicha.

Capitulando y capitulando ¿o se dice copulando?- no ando muy bien de idioma- con entrecortados suspiros que hacían agostarse los cagnaverales, Cristóbal se pone a rajar de esta manera: -Isabel-la, il tuoi suditti espagnoli sonno abastanza gilipollini.

Entonces Isabela hizo llamar a su marido, un tal Nando el baturro, que estaba tomando unas cagnas frescas a la sombra de una chumbera en compagnía de un moro chiquito y majo llamado Boabdil. Nando era un magnico jotero y testarudo que hacía de faraón, pero al estilo católico inquisidor.

La castellana le dice que…nada, que hay que buscar tripulantes como sea.

Y Nando refunfugnando se coloca “ladeao” el cachirulo y, alzando la faja con los codos, se va de prisión en prisión diciendo al personal: O te vas voluntario a América con el amiguete de mi parienta, o te llevo a Palos a El Puerto.

Conque, habiendo reunido a un cierto número de voluntarios, pues ¡ala!… rumbo al Caribe.

Don Cristóbal en busca de oro y especias; y el resto de la tripulación al encuentro con sabrosonas mulatas borinquegnas.

Con la ayuda de una brújula comprada de estraperlo en Andorra, pasaron a todo trapo por una esquina del triángulo de las Bermudas sin enterarse apenas de que allí había un triángulo, si no hubiera sido porque a Don Cristóbal se le engancharon las ídem (calzas, se las denominaba en aquella época) en el ángulo agudo del isósceles.

Unos días más tarde al clarear una magnana algo brumosa, a un tal Rodrigo el de Triana le pareció ver algo raro en el horizonte mientras pelaba patatas en cubierta. Soltó la faca alborozado y, comenzó a cantar por soleares:

– ¡Aaaaaay…!

– Tierraaaaaaaaaa…tierrita, tierra. ¡Ojú!..tarán tan tran….olé.

El “capi” que sabía de fuentes fidedignas que el tal Rodrigo solía abusar del fino además de que, al salir de Sevilla se había jurado “jasé” lo imposible por llevarse los diez mil maravedíes prometidos por Isa y el baturrillo al primero que divisara costa, le dijo:

– ¡Qué tierra ni qué leches!…Tú a tus patatas y ya decidiré yo a qué hora se descubre Yankilandia.

– Que no capi, que no. Que allá “alantre” acabo yo de “ve”América …”Cohone”.

Una vez llegados a tierra y haber echado amarras en el muelle, Cristóbal de dispone a descender por la pasarela y, entonces los de la aduana, que estaban esperando desde hacía siglos a que alguien los descubriera, empezaron a aplaudir y a tirar cohetes; pero súbitamente comenzaron a reír como energúmenos desternillados, y a gritar entre jadeos y espasmos:

-¡Culón…culón…culón!

Caminaba de espaldas intentando ocultar el huevo entre las tiras de sus calzas, pero ensegnando un par de rechonchas nalgas.

Total, que el culón dijo aquello de: arribati en le caravel-le la Dipinta y la Bambina, anche la nao Santa Madonna, fasiámono cárrico de aquestas terras in nómine de Isabel-la e Ferdinando; que tanto móntano l’uno come l’altro e que sonno rex de Castiglia e d’Aragón…y tal y tal. Y se volvió para el resto del estado excretando leches.

Superado el tortícolis atrapado al entrar en el estrecho de Gibraltar por mirar para una mona que les daba la bienvenida en un aceptable inglés, pasó de largo en dirección Barcelona dejando a Marbella por la parte de babor desde donde se divisaba a un orangután gesticulando y llamándoles facinerosos. (Un descendiente de aquél simio sería elegido alcalde de la ciudad siglos más tarde)

Y Don Cristóbal sigue desde entonces en Barcelona, esperando a ser considerado el culé número one, con muchos más méritos que Joan Nugnez y Josep Gaspar, o Gaspar Nugnez y Joan Jesep; que yo no estoy muy al corriente de las cosas peloteriles.

Los pájaros Pinzones que le acompagnaban en el viaje, le abandonaron. Ahora se hace acompagnar por un sinnúmero de gaviotas pati-amarillas que le tignen la indumentaria de un bello color guano.

Y esa fue según mis larguísimas investigaciones, la verdadera historia de Cristóbal Culón.

Más tarde a aquél continente le bautizó un rico fabricante de motos italianas. Américo Vespucio.

¡Que sois unos ignorantes cogno…!

…Ah, olvidaba deciros que escribo con un teclado comprado en Melilla fabricado en Mongolia Exterior al que le falta la egne.

 

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